Las cebollas, todas son corrosivas y engendran ventosidades, dan gana de comer, adelgazan los gruesos humores, inducen sed y traen hastío, y mundifican y ablandan el vientre.
Mondadas y bañadas en aceite y puestas en forma de cala, son útiles para abrir el camino a cualquier género de evacuación, y especialmente a aquella que se suele hacer por las almorranas.
Su zumo, aplicado con miel, sirve contra la flaqueza de vista, contra los fluecos y nubes, y contra las cataratas cuando comienzan a congelarse.
Instilado en las narices, purga la cabeza por ellas…Encorporado con enjundia de gallina, es útil contra toda suerte de escocimiento causada por los zapatos
De más desto sirve contra el flujo del vientre, aprovecha a la dificultad del oir, a los silbos y a los oídos que manan arteria, y adminístrase cómodamente para sacar el agua que penetró en ellos.
Hace renacer el cabello que derribó la tiña…Entre otras dotes de la cebolla, dicen que acrecienta la esperma, dado que ofusca la razón y el sentido. Alcohólanse las mujeres con ella cuando no pudiendo llorar quieren provocar lagrimitas para enternecer a sus asnos.
(Extret de Plantas medicinales. El Dioscórides renovado de Pío Font Quer 2003 Ediciones Península)
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