Los arqueólogos han encontrado semillas de maíz, con miles de años de antigüedad, específicamente del maíz para las rosetas, en yacimientos de Perú y de Utah. Una de las sorpresas de Colón y sus acompañantes al llegar a América fue la observación del cultivo de esa planta, para ellos desconocida, cuyas semillas se comían tiernas o maduras, enteras o como harina, e incluso en forma de bebida obtenida de ellas. Extrañaron que una de las variedades de esas semillas, al calentar, reventaran dando lugar a unas rosetas o flores, las palomitas de maíz, que se utilizaban en alimentación, y para esparcirlas en las ceremonias religiosas o para uso decorativo.
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